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Cahitas

Culturas prehispánicas en Sinaloa

El número aproximado de habitantes es de 67, 000. La lengua que utilizaban era Yuto-Azteca, hubo diversos dialectos que sirvieron a los jesuitas para distinguir naciones que fue el nombre con el que designaban al grupo de indígenas que tenían la misma lengua. Señalaron cinco naciones principales entre los cahitas muy importantes por el crecido número de familias que las formaban: Sinaloa, Coroni, Zuaque, Tehueco, Mayo y Yaqui, las tres primeras tuvieron sus respectivos territorios en los valles de los ríos Sinaloa y Fuerte; los mayos y los yaqui ocuparon territorios en los valles de los ríos, precisamente, Mayo y Yaqui, que hoy forman parte del estado de Sonora. La lengua dominante en la región es el español.

 

Los cahitas eran seminómadas, es decir, carecían de asentamientos definitivos y se desplazaban periódicamente dentro de un amplio territorio que reconocían como propio y que defendían enérgicamente si eran invadidos por grupos vecinos.

 

Los cahitas practicaban el hilado y tejido de algodón, que crecía silvestre en su región; tejían mantas que usaban como vestido, aunque lo más común era la desnudez en los hombres y el uso de faldas en las mujeres, confeccionadas de algodón o de gamuza, pues también curtían las pieles. 

 

Las familias vivían en chozas de varas, lodo y palma como la de los tahues, construidas en sitios seguros, fuera del alcance de las crecientes del río, pero cerca de las cementaras. No era difícil para una comunidad mudar de asentamiento cuando las circunstancias lo requerían, pues eran de escasos objetos por transportar y las chozas se construían de nuevo en el lugar escogido.

 

Los indígenas cahitas conocían la agricultura. Sembraban en las vegas de los ríos, poco antes de las crecientes, ayudados con la coa o bastón plantador, que era un palo recto de poco más de un metro, con punta endurecida en uno de sus extremos y ligeramente aplanado en el otro. Con la punta de la coa el sembrador hacía un pequeño agujero para depositar las semillas, que luego rellenaba ayudado con el otro extremo. Con la creciente del río, las tierras sembradas se inundaban y los indios sólo debían esperar a que las plantas crecieran y el fruto madurara para levantar la cosecha. Este método les permitía recoger dos cosechas al año, pues regularmente eran dos las avenidas anuales de los ríos. Como en Mesoamérica, las siembras de los cahitas fueron: maíz, calabaza y chile. Los demás productos necesarios para la subsistencia los obtenían de la recolección, la caza y la pesca.

 

Esta manera de obtener el alimento explica por qué los cahitas se desplazaban de un lugar a otro, pues la recolección agota los recursos de un sitio y debe buscarse otro que los tenga; se desplazaban a lo largo de las vegas de los ríos para poder sembrar en la forma que conocían. Aunque la agricultura era básica para su manutención, no bastaba para asegurar la subsistencia porque las fluctuaciones del clima solían malograr las cosechas. Las sequías, las excesivas avenidas de los ríos, los ciclones, las plagas y otras circunstancias podían arruinar del todo las sementeras, y la comunidad debía subsistir de la recolección, cacería y pesca. No acostumbraban almacenar los productos agrícolas, aparte de la semilla necesaria para la siguiente siembra.

 

Fabricaban objetos de cerámica burda y tosca, en comparación con la alfarería de los tahues. A diferencia de los tahues y los totorames, los cahitas eran guerreros y su belicosidad fue un rasgo cultural muy acentuado. Sus armas principales eran el arco, la flecha y la macana; las flechas disponían de una punta endurecida al fuego y emponzoñada con un veneno capaz de matar a la persona herida. Los guerreros se embijaban (pintaban) el rostro y cuerpo, usaban adornos de pluma y concha y daban alaridos al entrar en combate; practicaban ciertas tácticas militares, como disponer trampas al paso del contrario y dar albazos, es decir atacar al alba por sorpresa y retirarse de inmediato. Los varones adultos del grupo decidían iniciar la guerra por acuerdo comunitario; reunida la población se escuchaba el consejo de los viejos y de los guerreros más experimentados, se celebraba una ceremonia con características de rito religioso en la que se ingerían bebidas embriagantes, se danzaba, se fumaba tabaco y se pronunciaban largos discursos en favor o en contra de la guerra propuesta. Las causas más comunes eran la invasión del territorio propio o la venganza de algún agravio. Las victorias militares se festejaban con otra ruidosa celebración en la que se comía ritualmente el cuerpo de algún enemigo que se había distinguido por su bravura. 

 

Los cahitas creían en un ser superior y personalizaban las fuerzas naturales: el viento, la tierra, el agua, el rayo o el mar, a las que ofrecían dones para pedir buenas cosechas, pesca abundante o una copiosa recolección de frutos de la tierra, no construyeron centros ceremoniales ni utilizaron formas complicadas de culto religioso. Un importante personaje de la comunidad era el curandero que administraba remedios a los enfermos muy eficaces, porque conocían bien la herbolaria, sus prácticas terapéuticas se rodeaban de ritos religiosos, por lo que los jesuitas llamaron hechiceros a estas personas, que como tenían mucho prestigio en la comunidad, con frecuencia actuaban como líderes políticos.

 

Eran alfareros y fabricaban vasijas de barro que utilizaban para en el uso doméstico. Su juego principal fue el juego de la muerte (juego del Ulama) que era jugado con la cadera, los ganadores eran sacrificados en un ritual. 

 

Otros datos interesantes:  Su organización social era sencilla, pues el grupo no era más que un conglomerado de familias unidas por lazos de parentesco, sin estratificación de grupos y sin que reconocieran la autoridad de algún individuo. El matrimonio era monogámico y se disolvía con cierta facilidad; existía la poligamia, pero no era un práctica generalizada. 

Los cahitas ocupaban el área de municipios de Ahome, El Fuerte, Guasave, Sinaloa y parte de Choix. Su cultura estaba menos desarrollada que la de los tahues y totorames; Las ramas de los cahitas eran numerosas y los españoles los identificaban de acuerdo a la zona donde vivían. Fueron evangelizados por misioneros jesuitas, quienes fueron observadores constantes de las costumbres de sus feligreses y redactaron numerosas relaciones que se han conservado.